Horror al FOMO (o cómo no sucumbir ante los peligros de las redes sociales)

FOMO: hasta el nombre es feo. Es un nuevo término de éstos raros que aparecen de repente, nos persiguen con persistencia durante una buena temporada y al final, vemos que han venido para quedarse. Significa Fear of missing out, o lo que es lo mismo, miedo a perderse lo que está pasando.

Con las redes sociales, esta sensación de desear estar en otros sitios se multiplica hasta el infinito. Te conectas y ahí están todos, con fotos de fabadas y paellas, borrachos como cubas en no sé qué fiesta chic, en bikini al sol en la playa, sonriendo frente a un mojito o triunfando profesionalmente… Y ahí aparece el FOMO, vamos, la clásica envidia cochina vestida de arrobas y hashtags… Antes, te enterabas de lo bien que les había ido en tal viaje cuando regresaban. Ahora, cuando vuelven, ni preguntas: lo sabes todo. Y esto, algunas personas lo llevan bien, y otras, rematadamente mal.

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Queremos estar en todas partes y, hasta el momento, por más que nos empecinemos, el don de la ubicuidad no nos ha tocado en suerte. Quedarse en casa tranquilamente parece un pecado. Dejar de mirar las redes sociales, otro de igual envergadura. Hasta angustia nos entra de que nos estamos perdiendo algo… Y creo que sí, que tenemos motivos para que nos entre la angustia porque nos estamos perdiendo la capacidad de disfrutar del momento, del aquí y ahora y  saber ponerle un poco de pausa a nuestras vidas. No querer estar en todo. Ser feliz haciendo lo que hacemos y no lamentarnos constantemente por lo que no podemos hacer. Las redes sociales son fantásticas y las defiendo con pasión, pero, como el buen vino, en su justa medida. Si te pasas, puedes verte arrollado por la resaca.

Para algunas personas esa sensación de sentirse  excluidas, miserables incluso por no estar en las fiestas, congresos, charlas y demás eventos en las que están los demás, se convierte en un trastorno serio en el que necesitan ayuda profesional para salir adelante. Para ellos, mis respetos y mi apoyo para superarlo.

Y para el resto, para los que sí que en alguna ocasión hemos sentido esa sensación de “yo quiero estar ahí” o “cómo les da la vida a los demás para llegar a todo”, envío por mensajería urgente un paquete de calma y sosiego, que la vida está para vivirla y disfrutarla, disfrutar también de cómo los demás avanzan, se divierten y triunfan, y ser conscientes de que envidiar lo que los demás hacen te impide ver todas las posibilidades que tú tienes en tus manos. Y que quizá, el que cuelga esa foto tan chula de no sé qué fiesta, quizá esté soñando con estar en su casa calentito y tranquilo. ¡Qué manía tenemos de querer el pelo rizado cuando lo tenemos liso!

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