4 preguntas que no evitarán que hagas balance del año

Toma. Un año más que se acaba. Un año más que no nos libramos de hacer balance. Y de pensar en el año que ya se asoma. 2014. Hasta futurista suena para los que nacimos en el siglo pasado que, por si fuera poco ser de 1900 y pico, encima ahora nos llaman “no nativos digitales”. Tómate esa también.

Uvas

Y abre la boca que llegan los tópicos clásicos de un 30 de diciembre. Superado ya el “fin del mundo” clásico y reincidente de la llegada de la Navidad, ahora llega el “ansiado” momento de hacer balance, mirar al año que está por detrás y hacer promesas. Que sí, que nadie nos tiene por qué marcar cuando tenemos que pensar, pero somos muy de símbolos, tradiciones y costumbres y, quien más, quién menos, nos ponemos todos un poco metafísicos estos días.

Y la primera promesa se resume en “Sí, de verdad que sí, este año cumpliré todos mis buenos propósitos”. Ahí queda eso. Digo yo, que ahora con tanto coach suelto repitiéndonos aquello de “Hay que pasar a la acción, marca tus objetivos y un plan concreto para hacerlos posible” algo deberíamos haber aprendido. Lo veremos.

Hace poco leí en no sé qué red social, de no sé qué publicación, de no sé qué autor (gajes del exceso de información en el que vivimos y disculpas a todos los afectados por los derechos de autor) que era bueno hacernos varias preguntas. Éstas sí que las recuerdo con precisión.

  • ¿Qué ha funcionado?
  • ¿Qué no ha funcionado?
  • ¿Qué te falta?
  • ¿Cuál es el siguiente paso?

Demostrado queda una vez más el poder de las preguntas. Se quedan ahí, mirándote, impasibles. Sin pestañear, protegidas por sus signos de interrogación. Tan anchas. Ya te han dejado el recado y ahora el trabajo duro está sobre tus espaldas. Hale, contesta. Y tómate tu tiempo, no te vayas a equivocar. Y no mientas, que te cojo.  Que no, que no se van. Que se quedan ahí esperando, sin hablar y sin moverse. Malditas preguntas. Y te miran dentro, muy dentro. Buscándote.

Espero, deseo, anhelo, que todo lo que encuentren en ti sea bueno. Que haya energía, claridad, fuerza, ganas, ilusión, posibilidades, soluciones.

Y ahora voy a decirte algo muy importante, presta y atención porque nunca antes lo has oído: Feliz Año. No es un cumplido, ni una frase hecha, ni dos palabras que ya parecen una. Es el deseo real de que el año que está por venir te permita cumplir tus sueños. Uno a uno. O todos a la vez, qué narices.

Eso sí, antes nos toca hacer el balance de marras y aclararnos. Que no es poco.

Felices uvas.

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