Clase práctica (y desternillante) de cómo hacer un buen discurso

Después de secarme las lágrimas de risa y recomponerme un poco, pensé que éste era un discurso buenísimo. Y que este humorista logra con su monólogo hacer una clase magistral en vivo y en directo de cómo debe ser contada una historia para conectar con el público.

Como no me gusta que me destripen las películas, ni tan siquiera leer la contraportada de un libro,
te dejo en primer lugar el vídeo para que lo puedas ver sin que te intoxique con mis impresiones:

Genial, el tipo, ¿verdad? ¿Y qué es lo que hace bueno a este monólogo? Utiliza algunas claves que a ti también pueden ayudarte a construir una charla o intervención. Tranquilo, no te pido que consigas que la sala se caiga al suelo de la risa. No, si no es ese tu objetivo, pero sí conocer algún truquillo que puede venirte muy bien para alcanzar la meta que te hayas propuesto. ¿Empezamos?

1. Mira a los ojos, mira al público, háblales a ellos. En este caso es un monólogo, pero ¿te has dado cuenta de que no lo parece?

2. Ve directo a la experiencia común que os une: aborda aquellos aspectos que conoces tú y tu público y con los que podéis sentiros identificados. En este caso, todo padre o madre en “plena crianza” viven a diario situaciones estrambóticas y/o cotidianas como las que él describe. Pero es que además, muchos de los que no tienen hijos, también pueden reconocerse en este monólogo.

3. Aborda las emociones: ¿cómo te sientes cuando tu hijo no te obedece? ¿qué te hierve en el estómago? Es exactamente la misma sustancia que le hierve a un padre británico. Por ello, siempre que puedas, haz referencia a los sentimientos y muestra situaciones en las que se puedan identificar sensaciones y estados de ánimo.

4. El escenario va más allá que lo que ocupan tus pies: desplázate, disfruta del espacio, acércate, aléjate, siéntete cómodo, muévete con naturalidad.

5. Juega con la entonación: tu voz tiene diferentes registros ¡utilízalos! ¿Por qué conformarte con ser un muermo? Prueba a contar historias, a representar diálogos incluso. Dale variedad.

6. Ponle expresividad al momento: las caras rígidas aburren. Puedes sonreír, mostrar seriedad, enfado, diversión, pasión,… ¡Comunica con tu rostro y con tu cuerpo!

7. El pez que se muerde la cola tiene poder. Más aún si lo hace de modo sorpresivo. Utilizar un elemento al comienzo de un relato y rescatarlo cuando el discurso está a punto de finalizar, provoca la sonrisa, la sorpresa y en un plano más serio, la coherencia y la unidad. El niño que jamás encuentra los zapatos y el que nunca en su vida ha obedecido a la primera, lo hacen por sí solos a las 2 de la mañana. Nos encantan las historias con principio y final y nos fascinan los personajes. Volvemos a encontrarnos con ellos y los reconocemos.

8. Finaliza con poderío: no hay nada más que añadir. Ahí te dejo con mi mensaje final, el broche que todo lo borda: la sentencia que sentencia.

Y una postdata… Gracias a mi amiga Nuria, la escocesa de Avilés, por hacerme reír enviándome este vídeo.

¡Espero que os haya gustado! Y espero también vuestros comentarios. ¡Vía libre!

 

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2 comentarios el “Clase práctica (y desternillante) de cómo hacer un buen discurso

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