Que levante la mano quién sepa hablarle a los niños

Solía ser una mano rolliza con forma de pinza. La veías venir, sabías que no había escapatoria y que te tocaba otra vez reprimir las ganas de arrearle un bocado y salir corriendo. Pero no. Siempre llegaba a su destino, atrapaba tus mofletes y te los batía a la par que sonaba un metro (y 8 tonos) más arriba, un estridente ¡¡¡Qué ricura!!!!Alain enfadado

La madre que te parió, te daban ganas de decirle a la vieja que casi te arranca media cara y te gritaba lo mona que eras. Pues no, señora, que ni soy mona, ni mono, ni lo quiero ser. Y te prometías a ti misma/o que, cuando fueras mayor, sería sólo eso: mayor. Y no gilipollas.

Y hete aquí que, sin saber cómo, nos hemos hecho mayores y se nos ha olvidado esta escena. Y muchos, siguen sin saber hablar a los niños, tratándoles como estúpidos (y sordos) y ampliando la lista de carrillos magullados.

Por ello me sorprende una de las metáforas que más se emplean a la hora de enseñar habilidades comunicativas. Se suele decir aquello de: “Explícalo para que lo pueda entender cualquiera: cómo si se lo contaras a un niño”.

Y ahí es cuando la fórmula no funciona, cuando el ejemplo carece de sentido y se cae por su propio peso, porque muy pocas personas saben hablarle a un niño como ellos sólo se merecen. Ponerse a su altura, respetarles, hablarles con cariño, con normalidad, sin falsetes, adulaciones excesivas, ni entusiasmos exacerbados no parece estar al alcance de cualquiera. Y es más, muchos se sienten tremendamente incómodos cuando les dejan solos con un pequeño. ¿Qué le digo? ¿De qué le hablo? ¿Lo de gu-gu hasta que años es? Y es que no es sencillo dirigirse a estas personitas de ojos grandes y estatura pequeña.  

Cuando exponemos algo ante los demás, nuestro objetivo es que el mensaje llegue, que nos entiendan. Ni más, ni menos. Ni menos, ni más. Y para ello, la única fórmula posible es hablarles en su lenguaje.

Si eres un informático experto en Peritaje Informático Judicial y hablas ante compañeros de profesión, podrás emplear tecnicismos y conceptos avanzados. Si vas a contarle a tu abuela a qué te dedicas, tendrás que utilizar palabras y ejemplos que estén a su alcance, que pueda comprender. Equivocar la ocasión, emplear términos que nadie a tu alrededor entiende, sólo conseguirá que resultes pretencioso y vanidoso. Y hace mucho que se acabaron los tiempos en los que al médico no se le entendía y le bastaba.

Por cierto, otra metáfora recurrente, manida y falsa: la de las abuelas. Asumimos con demasiada ligereza que ser mayor es sinónimo de no saber nada y lo cierto es que ¡cuantas abuelas existirán más ilustradas que sus nietos! Ahí lo dejo…

Resumiendo (que entre niños y abuelas me disperso) es el lugar, el momento, el tiempo que dispones, las personas a quienes te diriges, lo que marca el modo en el que hablas. 

Jamás olvides tu objetivo: comunicarte, hacerte entender. Lo contrario es como hablarle en chino a un beduino. O en suajili a un suizo.

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